Sobre Titus Andronicus —– Los monólogos de clase — los personajes

Aaron

Luis Antonio Huerta Muñoz

Aaron:

(El actor puede estar acostado en el piso cubierto por una tela por donde sólo asome su cabeza o recargarla en una mesa, donde simule que está enterrado)

De un hoyo venimos y en un hoyo vamos a terminar. La madre tierra reclama mis huesos y mi esencia para lavarla y purificarla, resucitaré como una persona nueva y limpia de pecado (Mira al cielo y a ambos lados). Si no hay sacrificio no hay redención en tierra cristiana. Pero ¿Resucitaré? Yo, que ni siquiera pertenezco a esta patria, que recibo el castigo de la última de las venganzas.

El campo de cultivo es de los vengadores, mientras el hoyo es de los arrepentidos, (Inhala y exhala repetidas veces) hoyo que me absorberá hasta el último de mis alientos. En el vientre materno nos mantenemos tibios, nutridos de amor y de los bocados elegidos. En el hoyo del castigo y de la venganza, no hay nada, nada, sólo el olvido y los brazos gélidos de la muerte. Quizá cuando despierte ya esté muerto.

(Mira al piso, mientras saliva o tose)

¿Quién se vengó primero? ¿Los esclavizados, los oprimidos? O ¿Los opresores de un imperio? Los esclavos llevan en su sangre rencor, y los amos tienen miedo al ajuste de cuentas. Si Titus no hubiera matado al hijo de Tamora nada de esto  hubiera pasado, en esta vida todo se paga, ojo por ojo, lengua por mano, cabeza por viseras, dignidad por muerte.

¡Tamora, Tamora! Pronto estaré a tu lado, por lo menos tú llevas alimento en tus entrañas con el pastel de carne de tus hijos, tuviste una muerte rápida, mientras tanto yo sufro de frio y hambre. ¡Ah! Tamora ni siquiera pudimos alimentar a nuestro hijo.

(Mira a lo lejos)

 

Pero ya puedo ver desde aquí a la parca o por lo menos eso es lo que parece, ¡Hey usted! Venga le voy a contar una historia. No se me quede viendo como alimento, le suplico que no me mire con lástima. Mi vida y mi historia es doble desgracia, yo tenía una novia que fue emperatriz de Roma y yo seguí siendo esclavo, un siervo negro con un hijo del color de la noche.

Chirón y Demetrius, hijos de Tamora, esos sí que eran unos dementes, locos, maniáticos hacían todo lo que les dictaba mi imaginación, ellos son los timadores carniceros y asesinos, ellos son los que tienen que pagar por este sufrimiento.

(El personaje imaginario se encuentra cerca de su cabeza) 

 

Ni me di cuenta cuando llegó señora, le recomiendo que vaya a dormir, a estas horas de la madrugada baja mucho la temperatura ¿Quiere saber cómo me siento? Pues para empezar no siento nada desde ayer por la tarde, a las primeras horas que me sembraron aquí todo me temblaba, sentía como si vibrara con el mundo entero, pasadas las horas los músculos se adormecen y se te pegan a los huesos como si la misma tierra te abrazara para asfixiarte, hasta llegué a soñar que un gigante me apretujaba entre sus manos.  Después los excrementos apenas y pueden empujar un milímetro esta tierra aglomerada. El frío empezó a congelarme el tuétano y las vísceras. Luego, luego usted llegó.

(Espera respuesta del personaje imaginario. Abre los ojos a punto de desorbitarse)

Acaso no piensa decirme nada, ni una palabra de aliento, para este ingrato que está a punto de morir. Disculpe señora, pero parece que a usted también la enterraron y le cortaron la lengua. Así es señora, las mutilaciones están de moda, el inframundo está lleno de descuartizados y descabezados, su peor penitencia es buscar su otra extremidad por toda la eternidad. Mínimo yo voy a llegar enterito, con mucha hambre pero entero.

En esta tierra queda sembrada la venganza, la ira, la cólera, la rabia, de tanta gente muerta a manos de los que se dicen imperio. Algún día toda esa indignación envenenara a Roma y sus… ¿Pero qué está haciendo con esa guadaña? Váyase al trigal con esa cosa, este lugar no es para… (Le corta la cabeza. Pega la cabeza al piso) Usted no puede… Señora qué ha hecho… por favor le digo que tenga cuidado al no jalarme de los cabellos… (Con su propia mano se jala los cabellos) Señora yo quería llegar al inframundo con la cabeza bien puesta… y usted… ¿Cómo se ha atrevido? Desde aquí puedo ver cómo sembraron mi cuerpo. Le suplico que cuide de mi cabeza. (Con su mano gira la cabeza como si ya estuviera desprendida).

Señora, me podría hacer el favor de levantar mi cabeza para mirar el cielo por última vez… Me está escuchando… me escucha ¿qué es esta neblina roja? Huele a carne podrida… ¿Qué es este lugar?… diga algo por piedad. No me dije aquí, ¡Hey señora, Señora! ¡Señora!

(La cabeza se congela y queda con los ojos  y boca bien abiertos).

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