Sobre Ricardo III —- Los monólogos de clase —- Shakespeare

Entrevista hecha al espíritu de William Shakespeare

Alma Resendiz

 

Intrigada por todos los comentarios y estudios realizados a la obra de William Shakespeare, que, dicho sea de paso, son cientos (como los años que lleva en otro mundo), se me ocurrió que una forma de responder mis dudas (o crearme más) sería escuchando de “viva voz” al mismísimo actor. La única forma que encontré, fue acudir a una sesión espiritista.

Me ahorraré el protocolo de cómo la médium logró contactar a William (seguro conocen cómo se hace), sólo resaltaré que, Shakespeare nada más me permitió hacer una pregunta y teniendo una larga lista, decidí recortar una a una, las metí a una bolsa de papel (con restos de pizza) e hice una tómbola exprés.

La pregunta ganadora fue: ¿Recuerda cuándo escribió “La tragedia de Ricardo III”?

 

William Shakespeare respondió:

 

¿Ricardo III?, vaya, hace tanto tiempo de ello, debo advertir que mi recuerdo no es tan nítido, sin embargo, sé que fue alrededor de 1591-1592, en esa época pertenecía al Círculo mágico junto a John Benson, Robert Greene, Henry Wriotesley, William Herbert, Francis Bacon, Marlowe y no recuerdo más, éramos como 10.

El conde de Wriotesley era mi amigo y protector y junto a la reina, decidieron que era el momento para exaltar las luchas y triunfos logrados a favor de la corona inglesa sobre todo, desde que los Tudor estuvieron al mando.

Como seguramente sabes, cuando Ricardo III fue coronado rey en 1483, la situación entre los York (casa a la que éste pertenecía) y los Lancaster, era  en ese tiempo álgida, no era la primera vez que se enfrentaban, “la guerra de las rosas” es fiel testimonio de ello. En 1485, Enrique Tudor peleó nuevamente y la batalla, de Bosworth, la ganó. Ricardo III fue muerto, su cadáver exhibido y enterrado sin honores y, Enrique Tudor, nombrado rey de Inglaterra como Enrique VII.

Enrique VII, para afianzar su poder, se casó con la hija de Eduardo IV: Isabel de York y es así como terminó la lucha entre rosas: la blanca de los York y la roja de los Lancaster para crear una nueva casa: La rosa de los Tudor. A esta perteneció Isabel I de Inglaterra, cuando nací, ya era reina, de hecho, murió cuando yo, rondaba los 42 años. Allá por 1603.

No te permití más preguntas pero seguro estarás preguntándote si esta obra es original mía y la respuesta es no. Estando en el Círculo mágico, mi amigo el conde Wriotesley, me encargó que le diera una “pulidita” a la obra La Historia de Ricardo III que escribió Tomás Moro, éste, se basó en información proporcionada por John Morton, de quien por cierto, sus huesos fueron removidos, qué sacrilegio. Por eso, en mi testamento dejé este epitafio: “Buen amigo: por el amor de Jesús, abstente de excavar el polvo aquí encerrado; bendito el hombre que respete esta losa y maldito el que mis huesos remueva.”(Martínez, 1976).

No sea que ultrajaran mi descanso.

Muchos dicen que en realidad Ricardo III no fue un tirano como lo retrato en mi obra, no obstante, debo decir que quise resaltar la pugna por el poder, no sólo de Ricardo.

 ¿Qué más podría escribir de Ricardo III que las sangrientas muertes traducidas en un reinado lleno de mentiras, argucias y odio de su parte?

Lo que él culminó en muerte, fue el renacer para Inglaterra. Un pasaje oscuro fue su vida. El destino ignoró sus vanos esfuerzos de poseer un reinado lúgubre.

No podía terminar de otra manera.

En esta obra demuestro que el hombre al final es presa ciega de su propio tormento y ambición desmedida. Levantar el cetro a costa de hipocresías, una lección para la vida: que el público sepa que Inglaterra se ha construido no sólo de alianzas y nobleza, sino de manchas y ruinas (a mi parecer) necesarias en el camino.

 

Pobres aquéllos los que sufrieron bajo el poderío de Ricardo III, sin embargo, les pregunto: ¿sólo este tirano ha existido?

 

A su criterio dejo cada personaje aquí vertido, cada uno aquí presente juzgue si cumplí el cometido, de mostrar que no por ser Rey o por haber nacido en cuna de oro, será Dios benigno y concederá gracia en el reino celeste a cuanto rufián se atraviese en su camino.

 

El hombre al fin hombre es y terrenal nació, terrenal creció y así morirá.

 

Me tengo que ir, espero tus dudas se hayan despejado o en el mejor de los casos, tengas más.

 

 

 

 

Bibliografía:

 

Ponce Martínez, Horacio, La corte y el círculo mágico, México, 1976, B. Costa-Amic editor.

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William Shakespeare

Ingrid Oliva García Ceballos

William Shakespeare:

Especulaciones, misterios y sangre son algunas de las acciones que plagarán esta obra mía, de alguna forma tengo que explicar al pueblo inglés los misterios durante el reinado de Ricardo III que cuenta Holinshed. Ni siquiera yo he logrado concebir una idea clara sobre todas estas especulaciones que le rodean, pero bueno tendré que hacerlo a través de esta  obra, que no sólo plasmará el fin de esa guerra civil por el trono, entre los Lancaster  y los York, sino que legitimará la corona en los Tudor, empezando por el querido abuelo de nuestra sabia, generosa y enérgica reina Isabel I, Enrique VII. Con eso está más que claro que haré un encargo para ayudar a inmortalizar y legitimizar la historia británica.

Pensar en todo esto me produce dolor de cabeza… pero, ¿a mí porqué?, mejor a la corona inglesa, para quienes sí fue un dolor  y además necesario. Digo, me es difícil no pensar que para eso fue creado Ricardo, su destino; basta con leer o escuchar la descripción física que Moro hace en la biografía sobre él. Estoy casi seguro que de no haber sido por él, la guerra de las dos rosas no hubiera cesado, eso y la oportuna aparición de Enrique VII, en mi obra claro está, ya que en la historia Enrique y la sobrina de Ricardo unen al país.

Pero regresemos a la obra:

¡Sí! Ya lo imagino, en aquella batalla, a los espíritus que asesinó, uniéndose a… Sí, muy buena idea, Ricardo como un enemigo común que logra unificar al país a través de todos los muertos de su propia casa apoyando a la casa contraria, con eso podré darle una muy velada justificación a su maldad casi perfecta.

Creo que ya lo tengo, contaré su historia en cinco actos, iniciará con el mismo Ricardo reconociendo su lamentable persona, sí, después… sólo será cuestión de colocar la paja histórica interesante de él y para que todo esto tenga sentido agregaré mi creatividad.

Sé que lograré mi objetivo: complacer a la reina y que nos siga financiando y dando prestigio. El pueblo inglés conocerá su historia y si logra alguno entender las entre líneas, verá que el destino de Ricardo ayudó de gran manera a Inglaterra y dejará de sacralizar a los poseedores de la corona.

Ya está, tengo la obra, ahora hay que sentarse a escribir y estará lista para su presentación, y pensar que nada más me bastó un tarro de cerveza para hacerla.

                      ¡Salud, por la Reina e Inglaterra!

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