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Crítico de Otelo

José de Jesús Sánchez Lara

 

Viajemos rápidamente en el tiempo, ahora nos encontramos en el día primero de noviembre de 1604, estamos en Banqueting House y nuestra compañía es de la mejor calidad, el mismo Rey Jacobo I se encuentra cerca de nosotros.

Regresemos a la actualidad, recordemos con añoranza nuestra incursión en la época Isabelina ¿Qué vientos soplaban por allá? Podríamos esgrimir a grandes rasgos que se seguía dando un  crecimiento económico  y un desarrollo de la cultura, ahora dando una estocada más profunda, diremos que ya se ha consolidado el anglicismo, que la iglesia ya está subordinada a la monarquía y que se ha instaurado el episcopalismo eso en cuanto a la religión, otras cosas que podemos nombrar que han ocurrido durante ésa época, son por ejemplo: el impulso a la industria artesanal y manufacturera, el impulso a la flota militar y mercantil  y por supuesto no olvidemos los renovados bríos que toman la literatura y el teatro.

Por eso habíamos hecho el viaje del inicio, para presenciar la primera función de la obra llamada Otelo, escrita por el bardo inmortal. Esta obra se basa en uno de los cuentos realizados por Giovanni Batista Giraldi de hecho es el cuento número 37 que encontramos en su recopilación titulada Ecatomiti, pero basta de datos, cerremos los ojos y revivamos un momento la obra.

Nos estaremos moviendo entre Venecia y Chipre. Tenemos a un moro que a pesar de su raza se ha superado y ha demostrado su valor durante  el combate, por tanto se ha convertido en uno de los favoritos del Dux, sin embargo aparecerá desde la primera escena el dueño de toda la historia, el celoso Yago que odia a Otelo, sospecha que su esposa ha tenido encuentros en  el lecho del moro y para alimentar su rabia le han negado el puesto de teniente, concediéndole sólo el de alférez.

Otelo se casará con Desdemona prometiéndole un amor incondicional, cosa que Bravancio el padre de la joven tomará como una afrenta, hasta escuchar las palabras de su hija, terminado este asunto el Dux ordenará a Otelo que parta a Chipre para combatir, lo hará y Desdemona estará a su lado.

Yago corromperá a Rodrigo ,un iluso enamorado de Desdemona, enemistará a Casio  el teniente con Otelo, pondrá la semilla de los celos en la cabeza del moro y a la única que no convencerá con su discurso será a Emilia su esposa.

Emilia, Desdemona, Rodrigo y Otelo morirán, Yago será apresado concluyendo así la obra.

Con lentitud abramos los ojos pues ahora nos toca criticar a Shakespear primero qué podríamos reprocharle, usar alguno de los antiguos argumentos de Samuel Johnson y decir:

No se aprecia el esplendor de pasajes concretos sino el desarrollo de su trama  y en el tenor de sus diálogos o quizá que sacrifica la virtud a la convivencia y pone más atención en agradar que instruir, incluso parece escribir sin ningún propósito moral, tampoco distribuye con justicia el bien y el mal.[1]

Podríamos releerlo mil veces en estos tiempos y creo que muchos llegaríamos a la conclusión de que esos son más aciertos que errores.

Por otra parte Harold Bloom dice que lo que nos enseña Shakespeare, es la conciencia del ser humano, sus pulsiones su defensa y sus trastornos, enseña la variedad del amor, del sufrimiento, de la tragedia. Él escribe en versos réplicas que expresan una pasión y una completa intensidad imaginativa, en la que se puede captar la resonancia de lo opuesto.[2]

Es decir Shakespeare nos muestra personajes tan logrados que somos capaces de empatizar por ejemplo con un Yago celoso y vengativo, que se siente traicionado y menospreciado por el comandante, ese por el cual  una vez estuvo dispuesto a dar su vida.

Shakespeare con este moro veneciano retrata muchas cosas, la armada naval que estaba prosperando en Inglaterra ¿puede dejarse atrás acaso? la aparición de corsarios como sir Francis Drake no podría reflejarse someramente en ese bravo comandante de nombre Otelo, pero vayamos a lo obvio, Otelo es la obra de los celos y de la ambición humana, todos exceptuando a la virtuosa Desdemona sucumben a sus pasiones, es de nuevo apelar a las pulsiones como comentaba Bloom, también podríamos incluir el retrato de la xenofobia ¿cuán monstruoso era que Otelo se casará con Desdemona? no es eso lo qué dice Bravancio al insinuar que Otelo sólo podría conquistar a su hija con hechizos.

Shakespeare de nuevo reinventa lo humano, continúa escribiendo algo que parece inmortal, porque no importa en qué época nos encontremos seguimos identificándonos con sus textos, pero es suficiente  dejemos a descansar en paz a Desdemona, a Otelo, a todos los demás y cerremos con una frase de Harold Bloom que dice así: Confundir a Shakespeare con Dios es en última instancia legítimo.[3]


[1] Jhonson, Samuel, Prefacio a Shakespeare, Barcelona, El acantilado, 2003.

[2] Bloom, Harold, Anatomía de la influencia, México, Santillana ediciones generales, 2011, Pp.  55

[3] Bloom, Harold, Anatomía de la influencia, México, Santillana ediciones generales, 2011, Pp.  66

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Un crítico metamorfoseado

Por Julio Sarabia

 

(Corre pista , Opera negra)

¿Qué sucede con Otelo, el Moro, en este drama de W. S?

Leí atentamente la obra tratando de encontrar una pisca de inocencia en el que parecía un hombre leal y de buen juicio. Pero me temo que no hallé nada, aunque ¿qué se podía esperar de un hombre que dice de sí mismo “soy de discurso torpe y poco agraciado para las palabras que en la paz se aprende; desde los siete años, estos brazos gastaron toda su fuerza en campos de batalla”?  Sin duda, no se podía esperar nada de este hombre salvo que un día acometería un crimen contra natura. Pero esperen un momento, tal vez entre ustedes exista alguien que quiera defenderlo diciendo que fueron los celos plantados en la boca grosera, infame y llena de veneno del Yago, un hombre por lo demás sin escrúpulo, con el alma llena de maldad como pocas veces se puede presenciar. A ver, ¿hay algunos entre  ustedes qué se atreva a defender a Otelo o a admirar las artimañas de su engañador? … un minuto, antes de que levanten sus manitas y pueda verlas y ofenderles en pensamiento o con un gesto apenas dibujado en mi rostro, creo conveniente darles una oportunidad, mediten sus palabras; mediten concienzudamente desde sus butacas, casi como si a ustedes les hubiera perpetrado un crimen atroz contra una sobrina en manos del que creyeron un hombre honrado y visto por muchos como amoroso y leal. ¿Verdad qué no podemos ser tan complacientes?

¡Pobre diablo del Moro!, pensé cuando lo vi por última vez dibujado en mi memoria; has caído—me dije—, tan bajo al someterte a las emociones más procaces y horrendas que el hombre ha heredado de un pasado no menos trágico. ¡Pobre infeliz!, aun con tu muerte ¿se puede decir qué pagaste tu culpa? Me revuelve el estómago de sólo pensar que murió una mujer hermosa como Desdémona. Algunos de ustedes, con seguridad, han tenido la oportunidad de conocer a una mujer con la templanza, la armonía, el amor y la entrega como lo fue Desdémona, cuyo pecado estribó en amar a un hombre de batalla y entregarle su vida. Pero hay varios cabos qué deseo atender antes de enjuiciar sin aparente razón al Moro; primero, demos la bienvenida a Rodrigo, un desgraciado hombre enamorado de una mujer qué no lo amo. Pero les  pregunto, ¿fueron justificables sus razones?, si nos asomamos un poco al interior de los actos de este enamorado hombre, encontraremos también enfermedad. Y naturalmente Yago lo sabía, (quiero hacer un paréntesis y hablar sobre éste tipo de hombres serpientes), mis queridos espectadores, estamos frente a la encarnación del diablo, o qué, ¿ustedes se imaginan que el innombrable Belcebú no se vale de estas tretas para manipular nuestros actos?, es insulso e inocentemente estúpido pensar que el diablo trabaja a los hombres de maneras agresivas, asuntándolos o martirizándolos con horrendas apariciones. Para nada, puede ser una hermosa provocación, un deslice, un deseo lascivo, una duda venenosa, un irrefrenable deseo de venganza y muerte…. ¿Qué cómo estoy tan seguro?, no los oiga repetir dos veces esa pregunta, basta tan sólo mirar a su alrededor, ustedes mismos han sido tentados en las cosas más deliciosas, en los pecados más hermosos: esa mujer que ven todos los días con su mejor amigo, ¿no la han deseado también?; ese compañero cuyo valor e inteligencia a provocado las miradas de amigos y familiares, ¿no han deseado estropearle su vida?, por favor, de esos precisamente estoy hablando.

Pero volvamos con Rodrigo, si me preguntan qué pienso de un hombre como él, les contestaría sin cabildeo que se cuiden de hombres como estos también, en apariencia son menos inofensivos que el Moro y nada inteligentes como el Yago, pero su veneno momentáneo puede ser suficiente para provocar a un teniente como lo fue Michael Cassio si se encuentran borracho y embrutecido por el alcohol. Con esto no quiero decir que mereciera la muerte, en realidad ¿existe entre nosotros alguno que tenga el derecho de privar de la vida a otro ser? y menos a manos de la serpiente de Yago. Pobre, pobre, pobre hombre, muerto por confiar su vida a la desazón y a una lengua mordaz.

Mi buen Cassio –me detengo a pensar—, teniente y mano derecha de Otelo, amigo de batalla y de vida, fuiste títere de la maldad cuando has empinado la botella. ¿Se dan cuenta?, no necesitamos ser muy sesudos para observar cómo los hombres de este drama, todos, fueron movidos por su cólera Incluso Brabantio, padre de la hermosa Desdémona, que deseaba pagar mal por mal cuando afirma que le han robado a su hija con artimañas de la magia, levantando calumnia y juicio contra quien fuera alguna vez fue alguna vez su querido amigo, me refiero a Otelo; pero no paró ahí su lengua, ¿qué piensan cuando dice, frente al Dux y el concilio: ¡Qué Dios te ayude! ¡Hija de Estado, que mejor parece adoptar hijos que engéndralos!… y más adelante… Me consuela no tener más hijos pues tu traición me enseñaría a encadenarlos como tirano. Y finalmente esta última frase cargada de veneno qué más tarde atormentaría al Moro: “mírala bien, Moro, si es que tienes ojos. Si traicionó a su padre podría traicionarte a ti”.

 

 (Saca un pañuelo que trae en la chaqueta)

 

Cassio, Rodrigo, Yago… ¡Otelo!, ahora bien y qué hipocresía fue esa de sentirse buen cristiano cuando su sangre se apodera de sus decisiones o cuando y, en esto seré enfático—, atribuirle a un pañuelo –regalo de una hechicera egipcia ¡egipcia! que adivinaba el pensamiento y que, arrogando un conjuro, diera a esta prenda un supuesto maleficio— un desmedido cariño.  Si era cristiano este Moro, su alma seguirá, amigos míos, vagando en los caminos interminables del Averno, no sólo llevando a cuestas en sus manos la muerte de hombres en combate, sino también de celos mal fundados, cóleras desmedidas, magia, y un asesinato contra una joven inocente.

En este momento callaré mi lengua contra los personajes de esta tragedia y me iré con Bianca, Emilia y Desdémona. Bianca, la cortesana, quien tiene amoríos con Cassio es, sin saberlo, cabo suelto que une inteligentemente Yago para hacer creerle a Otelo que se trata de Desdémona con quien pasa las noches. Vemos aparecer el dichoso pañuelo en manos de Bianca provocando la ira desmedida de Otelo y la perfecta prueba de la supuesta infidelidad de su mujer.

¿Y qué dicen de Emilia? También muerta en manos de Yago, su esposo. Creo que lo único reconocible en su papel, fue escucharla ofendiendo a su marido revelando así la verdad, e insultando, permítanme decirlo, magistralmente  al Moro por su terrible acto de asesinato. Pero también Emilia tiene culpa en este drama, al robar el pañuelo de su ama y entregarlo al marido, intuyendo un mal presagio. Emilia está al mismo nivel, me parece, que Rodrigo o Cassio. Sólo que Shakespeare la doto de una sabia pero filosa inteligencia cuando dice: “sepan los hombres que también la esposa tienen sentidos: que puede ver y oler, que paladar tiene, y que lo amargo distingue de lo dulce, tal como hace el marido. ¿Qué es lo que hacen cuando nos cambian por otra? ¿Holgar?… Pues afectos tenemos y deseos de holgar, como el hombre, y flaquezas, como los hombres”.  Una muerte inmerecida, en un día terrible.

Desdémona, dejo este último espacio para ti, gentil princesa, con sólo decir su nombre me estremezco. Vean bien sus textos, en este momento yo les pediré beberse sus textos y entrar en Desdémona, podríamos enjuiciarla por incrédula, aventurera, incluso por desobediente, ¿pero podemos realmente pasar desapercibidos ante su tragedia? Quédense quietos, si eres hombre, agudiza tu sentido; si eres mujer, no desdeñes la época. Por el contrario, entremos juntos en ese cuerpo estrecho y bien formado de una hermosa mujer. Aparta tu rostro. Aparto el mío, seremos testigos de un hecho cruel y vil… ¡No!, seremos protagonistas de este atroz crimen que se perpetuará ahora mismo. (Cierren sus ojos…pista 2 de Cecilia Bartoli) Ya estamos dentro de la escena, en la habitación, vemos su cuerpo, somos un cuerpo durmiendo mansamente, ignorando lo que vendrá. Olemos el ambiente, vemos la tibia luz de la vela alumbrar nuestro rostro angelical, porque somos, a esta hora negra, Desdémona.  No soy más un crítico, ni ustedes están presentes en esta clase. Todos ahora mismo somos Desdémona,… (Lo dice bajito) tal vez soñamos con el perdón de Otelo, tal vez cantando una breve y hermosa canción. Y entonces, de súbito aquel encuentro con el esposo molesto nos advierte lo que vendrá y, sin embargo, pedimos, suplicamos clemencia al autor de nuestra muerte, preguntándonos en lo más profundo de lo que aún somos ¿es qué alguien qué dice amarme con toda humanidad y que es capaz de increpar contra el cielo, puede convertirse en mi verdugo, en mi inquisidor? (baja la música paulatinamente) Luego un silencio porque aquello no podrá ser respondido con palabras. ¡Ramera! nos ha gritado el Moro y nos culpa de infidelidad contra nuestro amigo, con su amigo, por culpa de un mugroso pañuelo regalo de una bruja. Este era su amuleto o qué…  en esto se resumió mi existencia, tómalo, es tuyo… es tuyo amigo mío.

 

(Te sientas, te miras en el espejo y se pinta los labios, ahora el crítico es Desdémona…Corre la pista tres)

            Veo a mi padre desdeñando y maldiciendo mi partida, veo a la madre que tuve y que ahora me parece mi única confidente cantarme una canción para los días difíciles; veo y siento mi vida breve, todas las cosas que dije e hice en este instante pierden su eternidad, se vuelven páginas de un diario silencioso, se vuelven un océano donde iré a parar y nadie podrá salvarme, tú no me salvarás, amor mío, esta vez no, no me salvarás pese a que rendí mi vida a tus pies y te hice caballero de mi virginidad. ¡¿Cuál fue realmente mi culpa?! Te amé, Mío y no fui desleal en ningún momento, es qué el amor es un daga de fuego que, por el día puede protegernos  contra la tiranía del mal y, por la noche, herirnos mortalmente con su espada de hierro.

 

Deseo pensar en un sueño, aspiro a la última respuesta, como desearía volver a oler la primera flor de la mañana, como desearía poner mis pies sobre la tierra y sentir la humedad recorrer mis planta… son así los deseos de quien va a morir.

 

Un espejo, un espejo…. A dónde van todas las cosas cuando se está escapando la vida, no tengo duda del cielo pero siento miedo, me duele las manos, me tiembla las piernas, ver frente a mí a mi señor me produce desasosiego y tranquilidad, es así de arbitraria la naturaleza humana, no me creo como un ser puede hacernos sentir  muchas cosas contrarias en… (Vuelve a ser el crítico) El Moro está frente a nosotros, sentimos sus manos, su peso… ¡Esta es la muerte!… colocate el pañuelo en la cara y píntate el labio…

 La muerte, no me lo creo, no me lo creo… más te perdono, te perdono Otelo, me llevo al lugar de eterno descanso el último beso caliente de tu boca y la suave y tibia gota de tu lágrima. Te perdono Otelo, quizá ahora la respuesta es más clara; si, es más clara, pero ya no podré compartirla contigo. Y me duele admitir que nunca más, ni en la otra vida puesto que nos separaremos eternamente….

 

 

Presentando al crítico

Jorge Bloom

 

Es un caballero nacido en diferentes siglos; su última reencarnación data de 1984 bajo el nombre de Jorge Bloom, ya olvidó donde nació y quienes fueron sus padres. Debido a su larga vida, Jorge Bloom ha participado en diferentes profesiones de todos tipo, entre las que destacan: escritor, poeta, naufrago, editor, coleccionista, asesino, padre, director de cine, estrella porno, trapecista, director universitario, piloto aviador, ex convicto, traductor, payaso, pintor, salvavidas, catador, alpinista, ropavejero, entre muchas otras cosas. En sus reconocimientos, bueno, ha ganado todo tipo de cosas, desde Grammy´s hasta premios de escuelas rurales y municipales en disciplinas tan absurdas como el vuelo del escupitajo más largo y la orina más espesa y olorosa, todos ellos ganados varias veces. En la actualidad, es estudiante de UACM y crítico en esta mesa sobre la obra de Shakespeare. Fuera de eso, le gustan los gatos y caminar desnudo por su habitación… Demos la bienvenida

 

 

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