Sobre Macbeth —- Los monólogos de la clase —- Shakespeare

Shakespeare

Mónica Josefina Suárez Romero

No pasar prefiero sin memoria de ese gran proscenio que es la vida. Por eso desde la soledad de mi destierro en la sombría antesala de lo ignoto, hago comparecer a los recuerdos. Obligo a mi pobre espíritu a regresar a esa época y a mi indudable amor por los vocablos, en que compuse el drama de Macbeth.

Atravesaba Inglaterra fieros tiempos en la vida política, además las luchas religiosas la perturbaban y la ensangrentaban. Tal vez debido a ello, mi pluma se aventuró a la empresa de esa obra, empeñada en busca de ficciones que pudieran resaltar las crónicas de tiempos idos, como ejemplo de un gobierno legítimo capaz de traer paz y orden a Escocia e Inglaterra: porque cuando Jacobo I se ciñó la corona de Inglaterra e Irlanda, era ya Jacobo VI de Escocia, descendiente de Banquo, a quien decidí otorgar uno de los papeles principales de la tragedia, en honra de su nombre, pues como suele pasar, algo faltaba al arte de los ojos, que no lograban restaurar el orden político y religioso, en parte, debido a la raíz católica de la estirpe de los Estuardo, los puritanos reaccionaban desconfiados.

En cuanto a mí, había disfrutado goces y sufrido desengaños, mi amor yacía con los corazones que supuse muertos, la pérdida de mi hijo y de mi padre se albergaba en lo profundo de mi alma. Pintado por Natura, no quiero ensalzar el ingenioso papel que compusieron todas estas circunstancias en mi carácter, mejor que hable la elocuencia de mis obras.

Bien sé que demasiado cruel aparece de los hombres su esencia en mis tragedias. Mas no sólo ornato es la vibrante tensión entre el bien y el mal, a que se ven a sí mismos enfrentados, vasallos son de los ropajes de sus propias pasiones, que suelen ser andrajos. Así los héroes, muchas veces, malgastan fuerzas en pugna por entender su destino, aunque éste finalmente los devore.

Para armar los argumentos de mis obras me embebía en diversas fuentes, sin despojar la honra de mi nombre, pues muchas de ellas históricas eran. Para esta tragedia, recuerdo que tomé la Crónica de Raphael Holinshed, quien se basó a su vez en la Historia de los escoceses, escrita por Héctor Boece.

Mas en la Crónica de Holinshed, el célebre general escocés, Macbeth, pese a haber asesinado, en complicidad con otros, al rey Duncan para apoderarse del trono, durante los primeros tiempos de su investidura, reinó con prudencia, según se asentaba en esta obra insigne. Mas algo hizo surgir su torvo invierno, pues a partir del 1050 asesinó a Banquo, para impedir que éste tuviera descendencia a quien dejar su legado. A raíz de la sangre derramada el reinado de Macbeth se transformó en suplicio para sus vasallos. Sobra decir que estos hechos ahí relatados fueron modificados para mi argumento, pues era más mi interés descifrar el sentido del alma humana que, en apariencia germinada en virtud, puede tornarse en viciosa ante los mínimos indicios de grandezas inesperadas, porque es sabido que el demonio miente bajo la máscara de la verdad.

Retrato quería hacer de aquel tiempo voraz que su lugar parecía confundir. E injerté entonces el sanguinario cebo de las intervenciones sobrenaturales. La idea surgió al atisbar en la memoria: reciente aún era el proceso contra las brujas de North Berwick, en el que varias personas habían sido sentenciadas bajo el cargo de valerse de la brujería para enviar una tormenta contra el barco que transportaba al Rey Jacobo VI y a Ana, a su regreso de una visita a Dinamarca, región en donde las cazas de brujas eran habituales.

Y posiblemente poseído por la amenaza de la brujería se acrecentó el interés de Jacobo por su estudio, como lo mostró después la destreza de su pluma. Mas decía, que fue este suceso lo que germinó en mi mente la idea de utilizar a las hermanas fatídicas.

Me serví también de la obra Brujería desvelada escrita por Reginald Scott de la que tomé prestadas algunas suertes. Era este un estudio de la práctica de la brujería, que versaba también en las ciencias de la astrología, la alquimia, la adivinación  y más. Aunque en sentido inverso concebido, pues argumentaba contra la existencia de las brujas. En su despecho, me pareció útil valerme igual de la Demonología, material con el cual el propio Jacobo VI respondió al libro de Scott, éste a favor de la existencia de la brujería.

Debo confesar, que como en otras ocasiones, y como era uso general en la época, el genio de Thomas Middleton me ayudó en la creación de Hécate.

Macbeth debía ser breve. La historia transcurriría en Escocia durante el siglo XI, bajo el reinado de Duncan, cuyo primo sería el valiente Macbeth. Este sería el personaje principal; cuyo encuentro con las brujas, despertaría su apetito de poder acrecentado aún por los honores que el rey Duncan le brindara. Mas su ambición, se vería acentuada por la astuta Lady Macbeth, más ambiciosa si se puede que su esposo, ella trazaría el plan para asesinar al rey.

Había hallado el tema de la obra: la ambición que se devora a sí misma. La inclinación del alma por aquello que no le pertenece: pasión que se transmutaría imponiéndose sobre su voluntad, y los arrastraría a su propia destrucción.

A escribir comencé entonces sin fatiga. Dibujé con pluma antigua el conflicto perenne en el plano político y en el corazón de los hombres.

Valiéndome del brote de pavor por lo sobrenatural desplegué los presagios, la oscuridad, la noche, la sangre y las bastas alusiones al asesinato, procurando el tono sombrío y terrible de la tragedia. Sólo el crimen puede consumar lo que ha empezado el crimen y es sabido que la sangre reclama la sangre.

En un principio urdí a Macbeth y a Lady Macbeth como personajes pares, los dos principales de la obra; sin embargo, la fuerza de Lady Macbeth, basada en su crueldad sin la hipócrita máscara de un pasado virtuoso la hacían cada vez más sólida, porque desde un principio al invocar a las potencias malignas para que la invadieran por completo y borraran cualquier indicio de debilidad en su actuación, se vislumbraba el rechazo a su conciencia moral y a los límites que le impondría, en contrapunto con el agobio de su esposo, debido a su conciencia, y temí que se apropiara de la tragedia haciendo aparecer a Macbeth demasiado diluido.

La locura de Lady Macbeth era la única salida para reducir a este personaje, que en rigor no padecía remordimientos, pues incluso en su locura daba pérfidos consejos a la compostura de Macbeth, me propuse explicarlo con la idea general de que los actos criminales trastornan el alma enferma. Y si bien durante el acto segundo y parte del tercero Lady Macbeth se impone por la gran fuerza de su temperamento; a partir de la escena cuarta del acto tercero su presencia sería casi nula hasta su suicidio.

Derrocada su fuerza, la atención volvía a recaer en Macbeth. El contrapunto entre los dos, la duda de Macbeth y el ímpetu de Lady Macbeth había quedado grabado desde el principio por la fuerza con que Lady Macbeth movía la voluntad de Macbeth transformando en acción los deseos de su esposo. El contraste entre ambos personajes funcionaba en beneficio de la obra.

Por su parte, Macbeth se precipitaba en una ruina inevitable, desde el asesinato de Duncan. A la par que sus actos eran cada vez más sanguinarios, sus terrores le acosan transmutados en alucinaciones. La aparición del espectro de Banquo en la escena cuarta del acto tercero me brindaría la oportunidad de provocar un trueque entre las reacciones de Macbeth y Lady Macbeth: las visiones lo abandonaría a él, en tanto su esposa caería en el delirio.

De esta forma, poco a poco Macbeth abandonaría sus escrúpulos y sumaría crímenes. Con ello, pretendía abordar el doblez de la naturaleza humana: las dos caras de una misma moneda.

Ignoro si logré mi propósito, si los engaños de la opulencia y el poder, mezclados con los del linaje, que tientan a la ambición humana fueron forjados ahí de hábil manera.

Ahora sólo recuerdo en esta umbría antesala lo que mi pluma dijo.

  1. Se ve bien, gracias profesora Tere. La idea de ponernos a hacer monólogos basados en nuestra interpretación de los personajes, me parece muy acertada, pues brinda la oportunidad de reflexionar, investigar y apropiarse de puntos de vista, que de otra forma, tal vez nunca veríamos. En lo personal, para mí ha sido toda una aventura interesante y gozosa, y me alegra poder compartirla.

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