Sobre La Fierecilla Domada —— Los monólogos de clase —— Los personajes

Petruchio

Ricardo Gómez Ramírez

 

Petruchio:

He aquí que lo he logrado. La fiera ha sido domada. Tal empresa resulto tan fácil como quitarle un dulce a un niño. Aquellos que me advirtieron de la peligrosidad de la dama, de lo maldita que podía llegar a ser, tendrán que tragarse sus palabras. Pues ante mí no pudo más que rendirse y redimirse. Y pensar que me advirtieron que no habría nadie en este mundo que pudiera soportarla.

Es cierto que la dama era brava. Pero, ¿acaso no lo era también el fiero Pegaso? Era necesario que encontrara la horma de su zapato, alguien igual o más canalla que ella, y para su buena suerte, fui yo el indicado. Además, la riqueza que ella posee fue el motor que me impulsó a ganarme su respeto y su amor.

Ah, mi pobre Catalina. Siempre anduvo perdida, tan a la defensiva, tanto que no hubo nadie capaz de inspirarla a cambiar su actitud. Afortunadamente, me crucé por su camino, para enseñarle lo valioso que es tener a un hombre inteligente a su lado. Alguien a quien respetar y obedecer sin aspavientos ni actitudes de rebelión. Una dama que se precie de serlo debe ser siempre fiel a su señor, mostrarle obediencia y sumisión, si es que en verdad le ama.

No voy a negar que en un principio la fiera mostró sus garras. Su naturaleza de indomable floreció. Pero no hay nada que el amor no cambie. Con un poco de amor, de amor duro sobre todo, hasta el más fiero león se mostrará manso. Y esta vez no iba a ser la excepción. Mi adorada Catalina, tuvo que aceptar el sacrificio, que por amor a ella, le impuse.

Y qué importan el hambre y el sueño, si hay amor que es lo que mueve al mundo. Era necesario que notara que estaba para servirle, que cuanto pudiera le daría. Y aun así, sería tan poco para lo que ella se merece. Tuve que hacerla entender que  lo que enriquece al cuerpo es el espíritu, y mi amor le daría a su espíritu la riqueza que jamás hubiera soñado encontrar.

Pues bien, ved que no hay nada imposible para un ímpetu tan decidido como el que yo he mostrado. De ahora en adelante seré el modelo a seguir por todos aquellos hombres que quieran domar a sus fieras. Mi hazaña será contada y conocida por muchos. Se erigirá en mi honor un monumento. Valiente caballero que logró domar a la fiera más salvaje. Y si me preguntan, sólo diré que nadie puede escapar a su destino, y destinado estaba que ella se enamoraría de mí.

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