Sobre Julius Caesar —- Los monólogos de clase —- Los críticos

Crítico

Ricardo Gómez Ramírez

Crítico:

Esta noche les hablaré de Julio César obra del dramaturgo inglés Sir William Shakespeare. Aunque él ya no necesita presentación ni adornos, menos ante ustedes que tan bien lo conocen, por medio de su obra, quiero decir. Dicho lo anterior, pasemos al tema que me trajo aquí esta noche.

Si bien, ésta es una obra que lleva por nombre Julio César, en ella el que se supone debería ser el protagonista principal muere en el tercer acto. Amén de aparecer a lo largo de tres escenas aproximadamente hasta que la conspiración en su contra se consuma y muere.

Entonces, ¿Por qué nombrar así a la obra, cuando el protagonista principal o de quien se supone va a hablarnos, no tiene un peso tan específico dentro de ésta? ¿Qué es lo que Shakespeare nos quiere transmitir? ¿Cuál es el mensaje o la enseñanza que deja Julio César como obra?

Creo, y tal vez algunos de ustedes estarán de acuerdo conmigo, que el verdadero protagonista es Bruto, uno de los conspiradores de la muerte del César. Y es aquí, donde las últimas dos preguntas pueden ser respondidas. Lo que está de manifiesto en esta obra, como en varias del dramaturgo es, sin duda, la condición humana.

Está claro que Bruto sufre una gran contradicción, pues por un lado es el más fiel amigo de Julio César, le ama tanto que le atormenta el hecho de pensar en traicionarlo y sobre todo de matarlo. Pero, por otro lado, su amor a Roma es más profundo, generándole una lucha interna entre el deber del amigo y del patriota.

Bruto se encuentra en una gran disyuntiva, odia la ambición de César, pero a él lo ama. Asimismo, él es un defensor de la libertad romana, por eso su lucha entre la razón y el sentimiento. Después de esa gran lucha interna vemos cómo Bruto se inclina por los conspiradores, pues desea una república libre.

Shakespeare nos muestra el lado humano de los personajes, sus luchas internas, sus miedos, su sentido de la ética, sus traiciones y sus relaciones de amistad. Aquí no hay buenos ni malos, simplemente seres humanos. César es soberbio y altanero en cierto punto, no cree en visiones o sueños. Y al mismo tiempo confía en sus amigos.

César se ha convertido en un tirano, y como tal hay que derrocarlo. Poco importa a la historia, dentro de la obra, las cosas buenas que hizo por Roma, como el convenio de Luca, por ejemplo, en el que aseguraba ventajas para cada uno de los miembros del Triunvirato (Craso y Pompeyo).

Lo que se muestra es la ambición que lo lleva a instaurar una dictadura y terminar con la República romana. Dicha ambición lo lleva a la muerte, a manos de quien menos se lo esperaba. Aquí cabe bien una frase que alguna vez escuché en una película: Mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para convertirte en villano. El César pasó de héroe a villano por la ambición de poder.

Ahora bien, era Shakespeare un visionario. En Romeo y Julieta ya nos advertía de la naturaleza del ser humano. Dice Fray Lorenzo que la virtud misma conviértese en vicio, mal aplicada. Acampan en el hombre dos potencias enemigas: la benignidad y la malignidad; y cuando predomina la peor, muy pronto la gangrena de la muerte le devora. Es claro cuál predomino en el César.

También, sabe que la historia de Julio César no será única. Así, vemos a Casio morir el mismo día de su cumpleaños, cerrándose el círculo donde empezó, al menos para él. La representación de la muerte de César tendrá sus repeticiones. Ya lo dijo el mismo Casio: ¡Cuántos siglos verán representar esta sublime escena en naciones que están por nacer y en lenguas aún desconocidas!

Dice Borges que es suficientemente pasmoso que la historia copie a la historia. ¿Cuántos Julio César no han desfilado por este gran teatro que es el mundo? Desde Lincoln, pasando por el Che Guevara, hasta John F. Kennedy. ¿Quiénes eran en realidad, héroes o villanos? Muertos por una traición, en conspiraciones hechas tal vez por sus propios amigos. Incluso Abel pudo haber representado al primer Julio César de la historia. Y nunca sabremos si, tal vez, la causa de Caín no era otra sino la revolución. El mismo hijo de Dios murió a causa de una traición, su propia gente lo entregó y lo condenó.

Y nosotros, ¿qué lugar ocupamos en la obra de la vida? ¿Alguna vez hemos traicionado por alguna causa justa, o que al menos para nosotros lo es? ¿Quién no se ha batido entre el bien y el mal? Todos tenemos nuestros propios demonios, nuestras luchas internas.

Yeats escribió que todos los hombres son bailarines que danzan sobre su propio hilo. Esta vida es cíclica, lo nuevo remplaza a lo viejo, aunque al final todo tiende a repetirse. Y así como, los hombres son el resultado de sus acciones, en algunos casos, como Romeo, son simples juguetes del destino, quizá porque lo que la vida les deparaba ya estaba escrito o ya había sido vivido. Finalmente, nadie puede renunciar a sus pasiones, a su naturaleza, todos tienen sus propios demonios, su yin-yang, porque al fin y al cabo son seres humanos.

 

 

 

 

 

 

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