Sobre Julius Caesar —– Los monólogos de clase —–Shakespeare

William Shakespeare

Marcela Madariaga

 

Buenas noches, soy William Shakespeare, pueden llamarme Will (yo lo hago).

Les cuento un poco acerca de Julio César, la obra de teatro, la que yo escribí  para representarla con mi compañía, espero que la conozcan porque si no, los voy a aburrir un poco.

 

La estrenamos en 1599 en el Globo.

Es la primera de mis 5 tragedias importantes, es una obra sencilla, tiene menor duración y un vocabulario menos rico que lo usual en mis obras. Con el vocabulario lo que quise hacer fue mostrar mesura en el lenguaje, cierta gravedad o dignidad expresiva pero que tuviera mucha fuerza. Un ejemplo es que quise que el lenguaje diera peso a la expresión emocional y sensorial de la sangre. Camina Julio sobre la sangre de Pompeyo, la sangre brota de la estatua, tiñe las manos de los conspiradores, vivifica a los romanos, es bebida por ellos, hace un baño de sangre, en fin, muy roja y palpitante quería yo que quedara esta tragedia.

 

También les di a César y a Casio un lenguaje más florido y a Brutus uno más preciso y realista.

¡Ojalá se pudiera apresar el espíritu sin desmembrar a César! Pero, ¡ay!, la sangre de César tiene que correr.

 

Para crear el ambiente trágico, además de los equívocos y los afectos de los personajes, usé otros elementos importantes, le di mucho peso al tema de lo sobrenatural, las supersticiones, los augurios, las aves, los sueños, los fantasmas, la agitación de la tormenta que hace que parezca que en el cielo tiene lugar una guerra civil y que expresé como “la torva mirada de los cielos.”

 

La figura de César ya era controversial cuando yo vivía,

Cicerón celebró la muerte de César y alabó a los conspiradores. Salustio defendió a César y condenó a sus asesinos. Plutarco lo elogió como estratega pero criticó su ambición. En la Edad Media César fue un héroe y Brutus y compañía, unos criminales. Dante pone en el infierno  a Brutus junto a Judas. En el Renacimiento la tendencia era ver a César como tirano y a los conjurados como libertadores. Así que como ven, cada época tiene el Julio que se merece.

 

En mi tiempo, y en mi Inglaterra existía por aquellos días cierta creciente ansiedad en torno a la sucesión al trono, la reina Isabel se benefició del proceso de fortalecimiento de la autoridad monárquica emprendido por los Tudor y a menudo hizo uso de la llamada “prerrogativa regia” (conjunto de derechos que permitían la arbitrariedad) no se había casado y se negaba a nombrar un sucesor; en estas condiciones, si se producía por cualquier razón un “descabezamiento” del estado, también parecía posible que se iniciara una guerra civil como la que se desencadenó al morir César. Moraleja: el resultado podía no fortalecer al parlamento y ocasionar un regreso a las monarquías autocráticas de nuestro pasado.

 

La historia de Julio ya se había representado en el Teatro,  acabo de encontrar en internet (que últimamente agota mis días y mis noches: juegos, libros, películas, Youtube, los canales para adultos, el Hubble!! nada nuevo para ustedes pero ¡¡uff.!!)

 

…Decía que acabo de encontrar que hubo un francés, Muret, que escribió un Julio César en latín!  entonces los franceses, cuando quisieron montarla ¡tuvieron qué traducirla! ¡al francés! En la Universidad de Oxford pusieron  Caesar Interfectus en 1581 y a finales de siglo, no sé si antes o después de la mía, montaron The Tragedie of Caesar and Pompey , pero yo, se los juro, nunca tuve contacto con ninguna, en todo caso, se centran en César y van por otro lado.

 

Puse la muerte de César a la mitad de la obra porque quien me interesaba era Brutus y las consecuencias del magnicidio en lo individual y en lo colectivo, el poder, los escrúpulos, la amistad.

 

Esta obra es la segunda historia romana que elegí para el teatro, la primera fue Titus Andrónicus, Julio César también tiene su alta cuota de violencia y es truculenta, pero, como la escribí después de la trilogía de los Enriques, ya había agarrado vuelo y me interesó más resaltar el aspecto político.

 

Al mismo tiempo quise aquí mostrar el conflicto de lealtades de Brutus entre la amistad,  que pertenece a su vida privada y los valores republicanos, que le demandan actuar en el mundo como hombre público. Brutus quiere a César, pero quiere más a Roma. Quise que el carácter del personaje fuera determinante en sus decisiones y sus actos. Más adelante, cuando escribí Hamlet,  profundicé mucho más en este aspecto.

 

Debo decir que aquí como en casi todos mis escritos, me basé en obras o relatos preexistentes que, a mi parecer, con el tratamiento que el teatro les da a las historias, pudieran acercarse al corazón de los espectadores; concretamente pensé siempre en el público de Londres, jamás imaginé que mi trabajo  tuviera mayor trascendencia que esa. Si soñé alguna vez en ser recordado o más bien ser reconocido, fue por mi estilo personal  de montar las obras y por los malabares que siempre debí hacer para administrar, aprovechar los recursos de la escenografía, para hacer más con menos, por ejemplo:

 

¿Sabían que cuando montamos Julio César logré representar a 49 personajes únicamente con  16 actores? Las escenas con muchos personajes iban seguidas por escenas con pocos, así les daba tiempo a los actores para cambiar de vestuario y hacer otros arreglos, este tipo de magias son las que tenía que hacer con cada puesta en escena y hubo soluciones que me hicieron sentir realmente orgulloso, por ejemplo,  el hecho de que si pongo en escena 4 ciudadanos, el público del Globo veía al pueblo de Roma completo en el escenario.

 

¿Qué les contaba? Ah sí:  para hacer Julio César me basé en Vidas Paralelas de Plutarco. Al hojearlo me encontré con algo que me cautivó de inmediato porque ya tenía un tiempo largo reflexionando en ello: él mismo, Plutarco, dice que  no quiere escribir historias sino vidas, y lo logra porque se centra en la psicología, la moral y el retrato de defectos y virtudes del personaje. ¡Así es como hay que hacerlo- me dije en cuanto le hinqué el diente a Plutarco-, mis espectadores son personas concretas, los personajes deben serlo también o no lograrán comunicarles nada!

 

Este  es, en realidad, el asunto que me tuvo entretenido el resto de mi vida.

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