Sobre Hamlet —– Los monólogos de clase —– Shakespeare

LOS MOTIVOS DE WILLIAM SHAKESPEARE

Alejandro Bejarano Vargas

 

William Shakespeare se encuentra ante un escritorio, con pliegos de papel y una pluma lista para entintarse.

WILLIAM:  

He tomado un mito escandinavo, danés, para ser exacto: Amleth. Tiene elementos interesantes, pero puedo aderezarlo con cosas menos exploradas. Respetaré su ubicación original, Dinamarca, en un lugar llamado Elsinor, un castillo lejano; con ello no comprometeré a Inglaterra con esta nueva historia de traición y venganza y puede ser una variante interesante de lo último que he hecho, además de que así dejaré en paz a Verona, La Toscana, Roma, Venecia, y esas ciudades del sur. Vamos para el norte, me hará bien, nos hará bien; aunque una sutil presencia inglesa no está de más. Traición y venganza, que tanto ha gustado a mi público en la corte, esa que viene de miembros de la misma sangre y que me ha hecho derramar tanta tinta. La motivación será el poder, y la carne, imperdonable motivo. Un nuevo rey ascenderá luego de asesinar a su hermano, y tomará el trono y a la reina también. Su sobrino, el príncipe, sabrá la verdad y no descansará hasta que se descubra la conspiración. El teatro, mi adorado teatro, estará representado de nuevo dentro de ésta nueva obra, poniendo al descubierto la traición del nuevo rey. Servirá como homenaje a nosotros, los actores, y a la vez de ventana para que los espectadores comprendan un poco más nuestro oficio. Hasta ahora va bien, un poco convencional, diría yo. El príncipe será un hombre inteligente, observador, astuto, con un gran poder de discurso, no será un príncipe cualquiera y esto hará que tenga una enamorada, de él y de su palabra, y ésta estará aconsejada para bien o mal; el príncipe será habilidoso con el habla y aquí es donde la cosa cambia, ya que la locura aparecerá en la cabeza del príncipe… o no. El príncipe fingirá estar loco y con ello manipulará a las personas a su alrededor hasta descubrir al traidor. La tristeza y el dolor de la pérdida serán su motor. Hamlet, se llamará, y Hamlet se hará el loco o se volverá loco. ¡Qué cada quién escoja lo que quiera! El fantasma de su padre vendrá del más allá para avisarle de la traición por su propio hermano cometida. Ese fantasma describirá el dolor que pasa por morir sin confesión, por el incesto que mancha su honra y por la traición contra él cometida; pedirá ayuda a Hamlet, atrapado en el mundo de los vivos, y así será cómo éste se enteré de la verdad creando un halo inmaterial a esto. La muerte sin duda será un elemento importante de ésta obra, quizás el más. Esa muerte que mueve mis pensamientos y que me intriga sobremanera, que me deja sin dormir noches enteras y que me hace cuestionar toda mi fe; muerte poderosa que ha arrancado a tantos a mi alrededor, sin explicación y sin aceptar súplica alguna. La muerte que me ha derrumbado y me ha motivado a seguir, muerte presente. Hamlet la cuestionará y la enfrentará. ¡Afortunado Hamlet! Apelaré al derecho del príncipe de enfrentar y cuestionar a su madre, finalmente, ¿no los reyes son humanos y de carne? También erran. Peligroso momento, tendré que ser cuidadoso ya que la posición de reina es delicada estando donde estoy, y tal vez no pueda ser tan claro. Otro motivo más para mantener esto en Escandinavia. Así pues, usaré la muerte como origen del conflicto y como solución del mismo, todos morirán: el rey, la reina, el príncipe, su amada; pocos se salvarán, ya que los pecados, locuras e injurias por ellos cometidos no hallarán otro remedio. Será una limpieza, además,  ¿qué no todos vamos a morir algún día?

Escribe, luego de un rato hace una pausa.

WILLIAM:

¡Genial idea! Ignoro que tanto trascenderá esto, quizá quede en el olvido sin dar más que el reconocimiento inmediato del público y el rechazo de mis detractores. Pero no puedo detenerme en pensar en qué pasará, sino ponerme a trabajar. Ser dramaturgo es un oficio peligroso, por lo menos para el honor –aunque he sabido de más de un colega que ha ido a parar a prisión-; cualquiera diría que lo que uno plasma en sus obras es su propia personalidad, que se revela ante la gente por medio de sus personajes. No es tan alejado de la realidad, pero olvidan que al ser consciente de ello uno puede jugar a gusto con esa percepción morbosa que el observador puede generar y pasar ante ellos por lo que uno quiera, un artista o un aprendiz, un hombre o un mancebo, un loco o un genio. Escribir o no escribir: he ahí el problema.

William reacciona ante lo que acaba de decir, toma un pliego en blanco y comienza a escribir en él.

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