Sobre El Mercader de Venecia —- Los monólogos de clase —- Los personajes

Porcia

Mirna Olivares Barrera

 

(Porcia se encuentra en su alcoba, de pie frente a un espejo.)

Oh cruel destino. Amor me ha dado la espalda y ha llegado su hermano el Desencanto, había depositado mi confianza en mi amado Bassanio. Al despedirse de mí me juró amor, hubiera preferido escuchar a mi perro ladrar a un grajo que a un hombre jurar que me adora.

No logré escoger a mi esposo. No podía poner mis ojos en quien me agradara ni rehusar a quien detestara. Doblegada mi voluntad a la decisión de mi padre. La medida de mi afecto no estaba en ninguno de mis pretendientes, uno era borracho y de los otros mejor ni hablar, a uno incluso ni siquiera le entendía. Mi padre tenía derecho a querer casarme pero no a imponerme el capricho de escoger a mi esposo con su jueguito de los cofres.

Hasta que al fin llegó Bassanio, y la fortuna le fue propicia tanto a él como a mí, por lo menos era un buen mozo. El sol glorioso se detuvo en el firmamento el día que conocí a Bassanio. Pero la fortuna lo apartó de mi lado, sin que se consumara el matrimonio.

Bassanio era un hombre arruinado por sus disipaciones, y a pesar de eso le otorgué mi castillo, mi dinero y mi persona, junto con un anillo con la condición que nunca se separaría de él, lo perdiera o lo diera, si así lo hiciera sería presagio de la ruina de su amor, y para mí la ocasión de quejarme de él. La inscripción lo decía todo “Ámame y no me abandones.” Las promesas están hechas para no ser cumplidas. Mi amada Nerissa compartió mi desilusión.

En el tribunal tuve que defender a su amigo, y escuchar la traición de Bassanio cuando le dijo a Antonio: estoy casado con una mujer que me es tan querida como la vida misma; pero la vida de mi mujer, el mundo entero no me son tan caros como tu vida. Su amigo Graciano no se quedó atrás, al decir que desearía que su esposa estuviera en el cielo para que intercediese con alguna potencia divina. Shylock cuánta razón tenías al querer que vuestra hija Jessica no se casase con un marido cristiano, que mejor estaría casada con uno de la raza de Barrabás.

Necesitaba actuar no podía permitir que Shylock triunfara, si Antonio hubiera muerto, sería un adversario poderoso en el corazón de mi marido, se hubiera convertido en un espectro poderoso e imbatible. Tenía que derrotarlo y someterlo a mí voluntad. Logré liberar a Antonio y hacer que me empeñara su palabra, al decir que, una vez había prestado su cuerpo ahora su alma serviría de prenda, para que mi señor no rompiera nunca más voluntariamente su promesa de amor.

Al dirigirme a mi alcoba, a lo lejos, alcancé a ver a Antonio, pobre viejo se quedó tan sólo como el judío que tanto odiaba. Yo soy joven, inteligente, simpática, dueña de un paraíso y tengo más ducados que él, así que a quién preferirá mi amado Bassanio. Deseo es un mancebo que ansía cumplir sus caprichos. Tendrá que consumarse lo que se quedó pendiente.

¡Bassanio estoy enojada y escondida en mi alcoba!

¡Que hermosos pensamientos y horas alegres os acompañen!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: