Sobre Los dos hidalgos de Verona — Monólogos de clase—Shakespeare

Shakespeare

Humberto Valeriano Ortiz

¿Qué quiere la corte? ¿Qué quiere el pueblo? Entretenimiento. Sí, claro, ¡eso! La exageración de la vida diaria. A veces me pregunto por qué si tengo tan clara la respuesta atormento a mi sosiego. ¿Y qué tipo? ¿Tragedia? ¿Comedia? Tal vez si leo de nuevo un capítulo del libro de Montemayor obtendré la llama que ilumine mi cebo. Tengo palabras desunidas, elementos emancipados, pero aún nada. Dos hidalgos, la hija de un Duque, una huida, destierro, enfrentamiento, Milán (Milán… sí, para burlar a la corte) ¿Y luego qué más? Escribí esta sentencia hace dos días:

Los que no saben manifestar su pasión no aman, pero menos aman los que pregonan por todas partes sus amores”.

¿Dónde ponerla? ¿A quién atribuírsela? Continuo, esto puede esperar. Luego, algunos nombres, poco usuales, divertidos: Speed y Lauce. Se me ocurre emplearlos para dos criados. Sí, podría funcionar; el público simpatiza con la vejación de la servidumbre, de los oprimidos. Y también un perro, ¿por qué no? La gente se alegra y ríe cuando ve uno. Recuerdo que ayer un hombre fornido fue intimidado a ladridos por un perro caniche, y las personas que merodeaban por ahí no se contuvieron: rieron hasta que el hombre se sintió humillado. Bien, con estas ideas puedo hacer una comedia. ¿Y el argumento? Éste podría ser el esbozo: dos buenos amigos están por separase, uno de ellos se va a un lugar (Verona, tal vez), y ahí se enamora de la hija del Duque. Al poco tiempo, los dos quieren huir para poder conciliar su amor; el Duque se entera de los planes del enamorado, y lo destierra (este conflicto de enamorados puede servirme en otra representación). ¿Y qué hago con el otro amigo?, ¿qué lo ayude o que lo hunda en la desgracia? Los dos amigos (hidalgos, me parece mejor) tendrán esta disyuntiva: amor o amistad. ¿Qué elegir? ¿Qué será para ellos más puro? En fin. Y ahora, ¿cuántos actos? No sé, ya tengo el título: Dos hidalgos en Verona. Suena bien, poco pretencioso. Bien, debo de poner fin a mis divagaciones, la obra se debe estar lista en las próximas tres semanas, el público no espera. Valentín y Proteo se llamarán los caballeros. Y ahora, aquí comienzo…

Una plaza pública. Entran Valentín y Proteo. Valentín: Cesa de persuadirme, querido Proteo. La juventud casera siempre tiene gustos caseros… “

 

 

 

 

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